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LA RESIDENCIA
SEGÚN FRANÇOIS HALARD

Artículo

Explore Deià, donde se unen la naturaleza y el arte

François Halard, famoso por capturar los interiores de célebres artistas, explora el legado único de La Residencia, un hotel de Belmond. Explore su obra, que ofrece una visión de un refugio de artistas de ayer y de hoy.




El amor de François Halard por la arquitectura y las antigüedades comenzó a una edad temprana. En su infancia, estuvo rodeado de baratijas, diseño y fotografía arquitectónica; sus padres eran los célebres diseñadores de interiores y decoradores franceses Michelle e Yves Halard. Las puertas de la familia estaban siempre abiertas a un ilustre círculo de amistades creativas. Su casa del siglo XVIII se convirtió por un día en el telón de fondo de una sesión fotográfica de moda de Helmut Newton, lo que despertó su deseo de empezar a explorar este medio por sí mismo. Uno de sus primeros encargos fue captar la casa de Yves Saint Laurent y Pierre Bergé en París, y durante toda su carrera, fotografió los interiores del arquitecto mexicano Luis Barragán, el diseñador de moda Marc Jacobs y el fotógrafo Richard Avedon, sublimando los detalles de sus espacios más íntimos.

La trayectoria de Halard hace que su visión sea especialmente adecuada para captar la vida en La Residencia, nuestro refugio de creatividad situado en el idílico pueblo de Deià. El rico patrimonio artístico del hotel se remonta a la década de 1960 y atrae a amantes del arte de todo el mundo gracias a su impresionante ubicación en la costa noroeste de Mallorca. Al fin y al cabo, aquí es donde el famoso escultor y pintor español Joan Miró pasó gran parte de su vida y sus últimos días. Desde el poeta Robert Graves hasta David Bowie han buscado refugio en La Residencia, sumergiéndose en nuestro remoto y sobrecogedor enclave.

Halard tomó fotografías del estudio de los artistas, seducido por el atractivo de un espacio rebosante de libertad creativa. Aquí capta obras maestras en proceso de creación: pinceles dispersos listos para ser utilizados y piezas de arcilla cruda secando al sol.

Pero una mirada por la ventana recuerda que la energía artística de La Residencia también está viva en el paisaje. Las esculturas de terracota bronceada se mezclan con los olivos y los cítricos que perfuman el aire. La piscina azul turquesa se funde con el cielo. Como un cuadro repleto de infinitos detalles, las montañas que enmarcan el fondo proyectan sombras infinitas bajo el sol del Mediterráneo.

La sensibilidad de Halard por la luz y el color es evidente en su obra. Su lente persigue esa suave luz en el horizonte, bailando más allá de la escarpada sierra de Tramuntana. Quizá sea eso lo que lo llevó al escondite de Cala Deià, la tranquila cala resguardada por un fragante pinar. Un lugar al que los amantes de lo bohemio se dirigen en secreto, arrullados por el lento ritmo de las olas. Donde buscan inspiración de la belleza natural del entorno. Donde la luz mallorquina pinta con su pincel dorado.


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